Por Raquel Berini

Tortell Poltrona llegó un día de luna llena a Barcelona, allá por la primavera de 1955, después de nueve meses de submarinismo. Estudió economía política y sociología, aunque también sabe de mecánica. En los escenarios debuta en 1974 y no duda en viajar a los lugares más recónditos del planeta, se maquilla “a su manera” y busca sonrisas en medio de cualquier conflicto. Él no hace de payaso. Es un PAYASO, con mayúsculas.

La figura en sí del payaso viene de muy antiguo, tanto como la Humanidad. Hacen reír a la gente y son provocadores de sensaciones, de emociones. A Poltrona le interesa la poesía escénica. Considera que su personaje encaja más en el mundo de la máscara y del títere, no del actor, pues se pinta y no suele hablar. Poltrona es tierno, perspicaz y contundente. Fundador de la jovial ONG Payasos sin Fronteras (PSF), defiende su profesión con pasión. “Es un modo de vida, y siempre estaré en deuda con todo lo que me ha dado la ONG”, asegura. PSF le ha forjado como humano; le ha proporcionado experiencias de vida.

La organización no gubernamental nace oficialmente en 1993, cuando un niño de 12 años llama a Poltrona y le propone viajar hasta la zona croata de la península de Istria, donde deberían actuar en el campo de refugiados de Veli Joze ante un público compuesto por más de 700 niños y niñas. Otros niños y niñas se unieron posteriormente a la iniciativa acompañando a los artistas y asumiendo cada uno los gastos de aquel histórico viaje. Ahí comenzaba la aventura de PSF, que hoy se dedica a llevar alegría allí donde existe tristeza o miedo. Suele trabajar siempre en zonas amenazadas por los conflictos bélicos o los desastres naturales. Hasta la fecha ha pisado ya cerca de 100 países, desde Serbia a Colombia, pasando por Palestina, Sierra Leona o la devastada Haití.

Poltrona durante su intervención en los XVI Encuentros TEVEO.

Los integrantes de PSF son artistas voluntarios que no dejan de visitar lugares impactantes, que cambian de un día para otro un hotel de tres estrellas por “tres cucarachas”, como bien explicaba el propio Poltrona. Son la voz solidaria de las artes. Aportan una visión inocente y sin malicia en un lugar castigado. No existe la cuarta pared. Es necesario interactuar con los niños. Hacerles reír. Eso les fortalece. Es un trabajo extremadamente cercano, “que te toca”. Y la nariz de payaso y el maquillaje permite que uno perciba la vida humana desde otra perspectiva. Lo realmente difícil viene después, advierte Poltrona, cuando toca regresar a casa, cuando llega el momento de enfrentarse a la realidad fútil de uno mismo. Por eso Poltrona intenta despertar la conciencia de la gente. “La solución de este mundo es educación y cultura”, asegura.

El fundador de PSF recuerda emocionado, por ejemplo, al director de un instituto de Sri Lanka, durante una expedición después de un tsunami que arrasó varios países, donde la organización actuaba ante los niños que volvían a las escuelas. El hombre se le acercó dándole las gracias. Les habían llevado comida, medicamentos, todo tipo de ayuda humanitaria, “pero nadie les había llevado la vida”… Poltrona lo tiene claro: “Una actuación de este tipo no te ayuda a llegar a fin de mes, pero sí a estar más cerca del cielo, si es que existe”.

Esta reveladora charla formaba parte de la conferencia inaugural de los XVI Encuentros TEVEO, celebrada en el Teatro Calderón de Valladolid el 21 de noviembre, titulada Los viajes y la infancia desfavorecida. Javier Rey, miembro de PSF y fundador de Teatro La Sonrisa (actualmente, delegación de PSF en Castilla y León), fue el encargado de presentar a Poltrona al público asistente a la mesa de debate y reflexión. Al finalizar, todo fueron sonrisas.

 

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