[Publicamos la entrevista que recientemente realizábamos a Julio Michel, creador y director de Titirimundi, para el último número de ÉRASE UNA VEZ. Por motivos de espacio, aquella versión tuvo que ser recortada para ajustarse al formato de la revista. Ahora puedes leer y disfrutar del contenido íntegro de la misma].

Cartel de la primera edición de Titirimundi (1985).

Corría el año 1985 cuando fundó Titirimundi, un festival que a pesar de los delicados momentos que atraviesa la cultura en España mantiene la calidad de sus primeras ediciones y su enorme prestigio internacional. Como él mismo ha explicado en repetidas ocasiones, Titirimundi nació con el objetivo de promover y difundir todas las modalidades que configuran el teatro de títeres actual, desde los géneros tradicionales hasta las formas contemporáneas, que hoy llamamos genéricamente “teatro de animación”. El festival forma ya parte de su proyecto vital.

– El títere ha sido históricamente uno de esos grandes olvidados por el mundo del teatro y del espectáculo… Ni los organismos oficiales ni los privados con alguna proyección social se preocupan realmente por la salud del títere en España. Sin embargo, las marionetas se siguen considerando una ‘herramienta’ pedagógica fundamental para el desarrollo personal de los ‘peques’.
Una mirada atenta a los múltiples festivales y ferias de teatro infantil y juvenil de toda España descubrirá que, en la mayoría de los casos, los títeres representan entre el 35% y el 50% de la programación. O bien el teatro para la infancia padece un alarmante declive, o bien los títeres suscitan un interés creciente y se imponen a otras formas teatrales. Las artes de las marionetas gozan hoy de un prestigio impensable hace 20 años. Ello ha sido posible gracias a festivales como Titirimundi y otros muchos, tanto en España como fuera, principalmente en Francia, un país en el que existen políticas culturales que no estaría mal que copiáramos aquí.

Cartel de la edición de 1986.

– ¿Qué hace que Titirimundi sea considerado ‘el mejor’ o ‘uno de los mejores’ festivales de títeres del mundo? ¿Qué lo diferencia del resto?
Titirimundi es un festival en el más amplio sentido de su acepción, un momento de celebración festiva de las artes de la marioneta. Esto que parece tan obvio y sencillo, muchos todavía no lo han entendido. Titirimundi no es ni una feria ni el templo de los mercaderes. Los artistas vienen aquí a mostrar, ver y disfrutar de las creaciones de sus compañeros. Segovia es una cita artística, un lugar de encuentro para el intercambio de experiencias. Ahí es donde radica, en buena medida, el éxito de Titirimundi.

Por otra parte, la calidad de la programación se cuida con esmero y el programa está pensado para todos los públicos, sin excluir a nadie. El otro componente necesario es la hospitalidad a los artistas y al público. Estos son los ingredientes del éxito. Simples y sencillos, pero imprescindibles. Además, Titirimundi ha sido y es una excelente escuela para muchos artistas y aficionados que han podido conocer, año tras año, la actualidad y las tradiciones de todo el mundo.

– ¿Cómo ha evolucionado Titirimundi desde su primera edición?
Fundamentalmente hemos permanecido fieles a unos objetivos y principios muy claros. En tres décadas, lo mas destacado es que hemos contribuido a situar el teatro de títeres en el mapa, ayudando, así mismo, a liberarlo de los prejuicios que pesaban (y aún pesan) sobre este teatro. Por Segovia han pasado casi todos los creadores más interesantes de cada momento y el festival ha difundido las tradiciones marionetísticas de todo el mundo. Titirimundi es hoy un referente mundial que ha contribuido a la creación de muchos otros festivales, sirviendo también de modelo (en el fondo y en la forma) a los festivales hermanos de Évora (Portugal) y Redondela (Pontevedra).

Cartel de la edición de 1987.

– ¿Qué futuro le espera al festival considerando los tiempos que corren? ¿…Y al títere en general?
Parece claro que en este modelo de sociedad existente en España, el que tiene “padrino” se bautiza. Esta declaración de escepticismo se debe a que Titirimundi se creó gracias al apoyo de un director general de Promoción Cultural que conocía y apreciaba el trabajo de Libélula, mi compañía de títeres. Lo tuve fácil porque tenía “padrino”. De no haber sido así, probablemente no existiría Titirimundi.

Parecía que el festival estaba consolidado. Pero yo nunca lo creí así. Desconfío de los políticos de este país, en el que los nuevos electos pisotean meticulosamente el trabajo de sus antecesores en el cargo. Hoy, aparte del Ayuntamiento y la Diputación de Segovia –que son muy conscientes de la importancia que Titirimundi tiene para la cultura y el turismo de la ciudad–, los otros patrocinadores, Ministerio de Cultura y Junta de Castilla y León, parecen distanciarse poco a poco. Es previsible que, de seguir así, un día nos abandonen. Pero incluso en ese hipotético caso, el festival continuará. Titirimundi forma parte de mi proyecto vital y nunca lo dejaría morir, ocurra lo que ocurra.

En cuanto al futuro de los títeres, debemos ser optimistas. La creación española ha mejorado sustancialmente y se puede presentar en el extranjero sin sonrojo. Hemos dado un paso de gigante en muy pocos años. Partíamos de muy abajo y hemos alcanzado un nivel medio-alto, con algunos espectáculos extraordinarios. Puede ser que suframos alguna penuria económica, algún estancamiento y regresión, pero eso no afectará al genio creativo emergente.

 

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