Una versión muy particular del popular cuento de Perrault, Pulgarcito, de la compañía vasca Teatro Paraíso, resulta vencedora de la III edición de Certamen Barroco Infantil, que se celebra dentro del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro.

Este Pulgarcito, dirigido por Iñaki Rikarte e interpretado por Tomás Fernández y Ramón Monje, aborda el tema del abandono, desde una perspectiva, según la compañía, “divertida para los niños y conmovedora para los adultos”. Teatro Paraíso invierte los papeles de los personajes del cuento. Ahora, en tiempos de crisis, es el hijo el que abandona al padre.

Ramón Monje y Tomás Fernández, acompañados por Natalia Menéndez, durante la presentación del espectáculo en Almagro.

El particular jurado del certamen ha seleccionado esta obra con “absoluta unanimidad”. Natalia Menéndez, directora del festival, destacó durante la lectura del fallo que “la obra reúne en su totalidad los elementos que hacen que un clásico siga siendo un clásico”.

El jurado también ha querido hacer una mención especial al montaje La crónica del lobo, de Elfo Teatro, por “el uso tan acertado del lenguaje titiritero”.

Tres jóvenes de Almagro y tres reconocidos profesionales del teatro son el privilegiado jurado que ha podido disfrutar estos días de las seis obras presentadas al certamen, cuyas representaciones en el Teatro Municipal de la localidad manchega ha atraído a numeroso público familiar. Ámbar (11 años), Rocío (12 años) y Javier (12 años) han sido los tres escogidos para formar parte del jurado infantil. Julio Michel, director del maravilloso festival internacional Titirimundi; Ana Gallego, de la prestigiosa compañía para niños Teatro Teloncillo, y Teresa Pérez-Prat, secretaria de dirección del Festival de Almagro, formaban el jurado adulto. Todos ellos se mostraron encantados de haber podido compartir estos días juntos y reconocen haber aprendido mucho unos de otros. La experiencia ha sido muy bonita y, quizá, un poco corta, nos comentaban los niños al finalizar el certamen, deseosos de poder repetir la experiencia el año que viene.

Los miembros del jurado (fotos de Guillermo Casas).

La fórmula de unir diferentes edades en el jurado es uno de los hechos más destacados por los mayores. “Si estuviera compuesto únicamente por adultos, creo que el jurado cojearía… Faltaría la visión infantil a la cual van dirigidos los espectáculos”, advertía Michel. “De igual manera, si fueran sólo niños, creo que también cojearía, pues les faltaría experiencia para analizar cómo se construye el espectáculo o cómo se valoran los demás elementos que componen una obra dramática. Por tanto, me parece que este equilibrio es fantástico”.

Gallego comparte la idea. Cree que los niños completan la mirada del jurado. “Nosotros [los adultos] nos hemos mirado en ellos, les hemos escuchado, nos hemos respetado mucho las opiniones y creo que hemos cerrado ese círculo…”. También destaca la inocencia y candor de los pequeños a la hora de observar un espectáculo. “No nos olvidemos de que esto es para ellos… Así que su opinión es fundamental”. A lo que Michel añade: “Ellos miran sin prejuicios, algo que nosotros, aunque tratemos de evitarlo, podemos tenerlos (…). Hoy por hoy, me parece la fórmula idónea”.

Rocío (arriba), Javier y Ámbar se mostraron encantados
con la experiencia de formar parte del jurado.

Pérez-Prat, miembro del jurado en todas las ediciones del certamen, ha destacado que para ella, dedicada a la producción y gestión teatral, supone “un lujo” compartir la experiencia con otros profesionales, artistas, y sobre todo, con los niños, a los que alabó por su responsabilidad, puntualidad en las citas y seriedad a la hora de enfrentarse al reto de juzgar un trabajo realizado por algunas de los mejores compañías teatrales del momento.

Ámbar, Rocío y Javier empezaron el primer día alegres, risueños, pero a medida que transcurría el certamen sus caras se tornaban serias, reflexivas. Habían venido a divertirse. Sin embargo, al poco se dieron cuenta de que su papel era importante y decisivo. Tenían que seleccionar a un ganador, y para ello era fundamental aprender a mirar con otros ojos. “Debemos fijarnos más en el teatro en sí, observar de cerca lo que aporta o representa el espectáculo”, nos decía Javier. Rocío añadió que es necesario fijarse bien en los detalles, en el vestuario, el decorado, la iluminación… Ámbar completó esta enumeración de responsabilidades: “Hay que observar la expresión de los actores, cómo transmiten la emoción, la tristeza… En fin, de todo”. Los tres comprendieron rápidamente que era vital estar bien atentos.

Después de seis días de ver obras y deliberar todos juntos sobre las distintas propuestas, Pulgarcito se ganó el corazón de jóvenes y mayores, del jurado de esta edición del certamen, del público asistente y también de los responsables de ÉRASE UNA VEZ.

¡Enhorabuena a todos los participantes –especialmente a Teatro Paraíso– y larga vida a Barroco Infantil! Esperamos poder repetir la fantástica experiencia el año que viene…

 

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