Por Alf

De patatierna a lobato, quizá luego llegar a Akela, desde los Scouts a la madurez, casi todos nos hemos enfrentado a ese rito de paso en contacto estrecho con la naturaleza que imaginó Rudyard Kipling y que ha dibujado la infancia de una gran parte del mundo, sobre todo occidental, en base a una de sus obras más emblemáticas, El libro de la Selva, o Libro de las Tierras Vírgenes, una lectura que en mi caso fue prólogo a las aventuras de Tarzán.

Se trata de una adaptación y levísima reescritura de los dos volúmenes que el autor había publicado entre 1894 y 1895, con poemas incluidos e ilustraciones a cargo de su padre. Edelvives ha primado el orden cronológico para seguir sin tantos interludios la historia del niño-hombre educado en la selva por sus habitantes. Las ilustraciones, espectaculares por su tamaño y trazo, aunque algo clásicas y oscuras, corren a cargo de Justine Brax; la adaptación al francés la realizó Maxime Rovere –que consta como autor en la página web de la editorial sin que sepamos la razón–, y la traducción del francés la firma Elena Gallo.

Una de las ilustraciones de Justine Brax.

Uno de los mayores valores que podemos inculcar a nuestros menores es el amor por los animales, a los que, conforme evolucionamos y nos civilizamos, consideramos parientes próximos dotados de derechos. Por este libro vemos desfilar a un buen elenco de ellos con sus diversas características, a veces un poco demasiado antropomórficos, es decir, excesivamente “humanizados”: los traviesos y caprichosos monos; Kaa, la astuta y presumida serpiente; Baloo, el oso bonachón; Bagheera, la pantera taciturna e inteligente, y el malvado Shere Khan, el tigre que por aquel entonces y aún ahora aterroriza a algunas pequeñas poblaciones de Bengala por haber invadido su hábitat, repleto de sabias acacias.

Algunos años antes, en 1888, Kipling escribiría El hombre que pudo reinar, también una historia moral, llena de claroscuros –como el propio autor–, que luego adaptaría magistralmente al cine John Houston, con Michael Caine y Sean Connery en el papel de esos hombres de una pieza –como el propio director–, redondeados para la posteridad por el autor del libro en su poema If, que preside la entrada a la pista central de Wimbledon (Londres):

“…Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud,
o caminar junto a reyes, y no perder el buen sentido.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el inexorable minuto,
con una trayectoria de sesenta valiosos segundos
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella…”

Todo un clásico para leer y explicar a nuestros hijos, a nuestros alumnos y alumnas, a nuestros sobrinos…

A partir de 8 años.

Autor: Rudyard Kipling (adaptación de Maxime Rovere)
Ilustradora: Justine Brax
Traducción del francés: Elena Gallo
Precio: 21,50€

 

Deja un comentario