Por Raquel Berini

Los jóvenes adolescentes fueron los protagonistas de la tercera jornada de las mesas de reflexión de los XVI Encuentros TEVEO. El 23 de noviembre tocaba hablar sobre algunos de los llamativos proyectos artísticos creados con y para ellos a través de iniciativas muy concretas y dispares entre sí.

Lucía Miranda, vallisoletana nacida en 1982, fue la primera invitada que dio a conocer su propuesta personal: The Cross Border Project, que con apenas dos años de vida en España ya ha recibido varios premios y reconocimientos por parte de los profesionales de las artes escénicas. El sueño de Miranda se fraguó en Nueva York en 2010, mientras cursaba estudios de posgrado en Teatro y Educación en la New York University gracias a una de las prestigiosas becas de las Comisión Fulbright. Dos años más tarde, The Cross Border Project se establece en España, contando con un grupo de artistas que trabaja en el ámbito del teatro, la educación y la transformación social.

Los participantes en la mesa de debate y reflexión del día 23 de noviembre.
La foto que encabeza este artículo corresponde a La Nave del Teatro Calderón, cortesía de Lualunera.

Esta mujer inquieta, sensible, activa, apasionada y feminista apenas duerme, trabaja de sol a sol y vive en un viaje constante. Eso es, precisamente, lo que significa cross border: viaje, cruzar fronteras. De Fuente Ovejuna a Ciudad Juárez fue su primer espectáculo profesional. Miranda se basó en Laurencia, la protagonista de la obra del ilustre Lope de Vega, para levantar la voz como mujer del siglo XXI ante la opresión, pero también ante el drama social que es ver y callar las injusticias. Perdidos en Nunca Jamás (trabajarás de lo que estudiaste) es otro de los montajes de su compañía. Aquí busca reflejar un país, España, donde una generación de jóvenes extraordinariamente preparados deambula, está perdida. “Esta obra habla de los sueños de nuestros padres y de los nuestros, de un país reconstruido con basura porque se nos quedó obsoleto”, leemos en un programa de la obra, que finaliza con un mensaje positivo: “En tiempos difíciles, creemos en las hadas”.

The Cross Border Project utiliza el teatro como herramienta educativa y de cambio social. Trabajan con comunidades muy diferentes, que pueden ser tanto mujeres afectadas por violencia de género, mayores de 60 años, enfermos de Alzheimer o institutos de jóvenes que piensan que para qué se van a esforzar, que ellos no tienen nada que decir. La idea es enfrentarse a los conflictos. Dar voz a mucha gente que normalmente no la tiene. Miranda no duda en afirmar con vehemencia que todos tenemos un montón de historias que contar, tengamos la edad que tengamos. “Es necesario que esas historias se escuchen y entremezclen”, advierte. En el mundo en que vivimos todavía se pueden hacer cosas… Se deben hacer cosas.

Un nuevo viaje: La Nave del Teatro Calderón. El segundo de los proyectos que se presentó durante el encuentro fue La Nave. José María Viteri, director artístico del Teatro Calderón de Valladolid, fue el encargado de dar a conocer la iniciativa a los asistentes: “No sólo queremos traer a los jóvenes al teatro, sino que nos interesa saber qué hacen, qué piensan, qué les mueve”, explicó. “Los jóvenes sí quieren hacer cosas y, por tanto, debemos facilitarles los medios para que puedan dar salida a sus inquietudes”. La Nave es un programa de desarrollo y creación interdisciplinar, un espacio de encuentro e integración, un laboratorio en el que los jóvenes interesados en diferentes disciplinas trabajan con profesionales que coordinan y dirigen los procesos de creación. Nina Reglero, presente en la mesa de debate, y Carlos Nuevo son los coordinadores artísticos de esta fantástica aventura.

La Nave se crea en un espacio mágico de dimensiones inabarcables, diáfano, bajo la cubierta del teatro, que antiguamente se utilizó para pintar los gigantescos telones que apreciábamos en las representaciones. Para poder formar parte del proyecto se abrió una convocatoria pública a la que se presentaron alrededor de 70 jóvenes de la ciudad, a los que se solicitó que enviaran una carta de motivación. Finalmente se seleccionaron 45 candidatos, entre los que podemos encontrar poetas, músicos, actores, dibujantes, fotógrafos, coreógrafos… El trabajo se realiza en grupos de entre 12 y 15 personas, en sesiones cortas (de unas dos horas y media de duración). Los sábados es el día en el que todos se reúnen para que cada grupo muestre el desarrollo de su trabajo.

La creatividad de tanta gente junta es maravillosa, aseguran los responsables del proyecto. “Nos apabullan con su vitalidad y energía”, comenta Reglero. También, como valor añadido, se establece una interesante relación con todo lo que se “cuece” y se programa en el mismo Calderón. Los participantes de La Nave asisten a los espectáculos, ven en directo los ensayos y montajes, charlan con los actores y directores… La idea es confiar en los jóvenes y colaborar con ellos para que diseñen un proyecto desde cero. La perfecta definición de este proyecto artístico la ofrece Viteri: “La Nave es un viaje y queremos viajar todo el tiempo que nos dejen”.

Ana Isabel Gallego, moderadora de esta mesa y coordinadora de los Encuentros TEVEO, visiblemente emocionada, procedió al cierre y clausura de las jornadas con un contundente, a la vez que positivo, alegato: “Con este viaje hemos querido darle la vuelta al mundo, porque no nos gusta nada cómo está”.

Todos estáis invitados a emprender, ahora y siempre, nuevos viajes… ¡Nos vemos en 2015!

 

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