Por Alf

Uno de los lugares menos explorados y conocidos que la Luna o Marte son nuestros mares y océanos, de los que dependemos para sobrevivir y a los que castigamos tanto con nuestra basura, contaminación y bolsas, bolsas, bolsas… que forman ya una isla de plástico en medio del Pacífico de una extensión de millón y medio de kilómetros cuadrados, ¡el tamaño de Mongolia! Pero también sufren la amenaza de una pesca excesiva, descontrolada e insostenible.

Ilustración de Emmanuelle Tchoukriel.

Pues bien, este cuidadísimo álbum de Virginie Aladjidi y Emmanuelle Tchoukriel nos ayuda a todos, mayores, pero sobre todo a niños, a conocer la infinita belleza y biodiversidad de los mares. Y lo hace cuando aprestamos los bártulos para irnos a la playa a pasar unos días.

Sus páginas están habitadas por un centenar de animales y plantas, en aguadas acuarelas de dulce tono por donde desfilan ballenas, cachalotes, tiburones y dugongos –esas primas marinas de las vacas–. También cangrejos sonrientes, alegres caballitos de mar, navajas, mejillones y bígaros o caracolillos, que pueblan las playas y las rocas de nuestras costas. Hay espacio, además, para los animales que sobrevuelan sus orillas o su inmensidad (frailecillos, albatros, ostreros…), y hasta los más humildes insectos (como el gorgojo) o plantas (como la omnipresente posidonia). Desgraciadamente, algunos, muchos, demasiados, en peligro de extinción, como el atún rojo, el coral o el pez sierra. Son alrededor de 100 especies de las 250.000 de la biodiversidad marina catalogadas hasta ahora en el marco del gran estudio Censo de la vida marina.

Un recorrido por los siete mares a base de precisas y artísticas ilustraciones avaladas científicamente por el Acuario La Rochelle, con nombre común y científico, categoría y descripción de cada uno.

Las autoras, Aladjidi y Tchoukriel, tienen un largo historial de redacción de textos e ilustración. Además, la primera es submarinista. También en la editorial Kalandraka, a cargo de las citadas autoras, podemos encontrar otros dos fascinantes libros, Inventario ilustrado de los árboles e Inventario de animales. Los tres trabajos huelen a tinta china y acuarela, a esos cuadernos antiguos de los exploradores y grandes viajeros que, además de saber viajar, escribir y describir, sabían pintar. Son álbumes para toda la vida. A eso ayuda la calidad de la edición a la que nos tiene acostumbrados la editorial, para guardar y recordar de mayores sin que por eso nos privemos de hojearlos, dejarles huellas de agua de mar y sal marina en la orilla, o repasar con los pequeños en casa.

Otra de las ilustraciones de Tchoukriel, en una doble página del interior del álbum.

El único peligro de este libro radica en la poderosa y magnética atracción que ejercen los mares sobre los seres humanos desde que, precisamente, saliéramos de ellos. Bien podría ocurrir que de su lectura, pero sobre todo de su contemplación al pasear la vista sobre los animales y los paisajes que los cobijan, sobre las inmensidades oceánicas del horizonte, sintamos nosotros y los más pequeños la llamada invencible del océano, como la sintió Ismael antes de embarcarse en el Pequod a perseguirnos a nosotros mismos y nuestros sueños.

“Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste, cada vez que en mi alma hay un poniente húmedo y lloviznoso, entonces entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda”.
– Herman Melville, Moby Dick

A partir de 6 años.

Autora: Virginie Aladjidi
Ilustradora: Emmanuelle Tchoukriel
Traducción: Pedro A. Almeida
Precio: 16€

 

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